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Flávia Álvares, gerente comercial de Simmondsia:
“Yo no quiero vender ilusión, quiero vender salud”

Ya hice la mejor exportación que podía hacer, exporté mi corazón y mi vida”, dice Flávia Álvares, empresaria brasileña que hace diez años tomó sus maletas y emigró a Chile desde Río de Janeiro. Con esta experiencia, ¿cómo no iniciar otro proceso exportador?, agrega con perfecto español y acento carioca.

Se casó con un chileno y decidió llevar adelante un proyecto innovador: la empresa “Simmondsia”, productora de aceite de jojoba o como algunos lo llaman, “oro líquido”. Se trata de una sustancia única, de color dorado, que hidrata, suaviza, tonifica y cicatriza. En pequeñas botellitas, este “milagro” de la naturaleza es el mejor aliado para quienes buscan la belleza y el bienestar físico con un producto natural y multipropósito.

Flávia estudió ingeniería económica en el CEUB de la Universidad de Brasilia y el amor la trasladó a vivir al país. Además, es poeta. Ya lleva cinco libros de su autoría y por este motivo está fascinada con la idea de estar en contacto permanente con la naturaleza y la vida saludable.

Salud y poesía

La idea de crear Simmondsia –palabra que proviene del nombre científico de la jojoba-nace del propósito de comercializar el aceite y, en un futuro próximo, algunos derivados de este producto. Todo comenzó con la necesidad de Flávia y su marido, Marco Caballero, de asegurar el futuro de sus hijos y su vejez.

En Colombia tomó conocimiento de las plantas de jojoba y en 1998 iniciaron su plantación en Illapel, Región de Coquimbo. “Es un desafío muy lindo, toda la familia participa”, cuenta Flávia. Sus seis hijos han sido parte de este emprendimiento, los acompañan al campo y participan en el negocio.

En este predio de 30 hectáreas, hoy tiene cinco con plantaciones de jojoba y un stock de 15 toneladas de semillas, la mitad en aceite. Amparada en documentos científicos de Estados Unidos y Europa, Flávia se apasiona en enumerar las propiedades y características de esta sustancia.

“Yo no quiero vender ilusión, quiero vender salud, naturaleza, poesía y verdad”, asegura la empresaria. Y es que sus botellas de aceite son diseñadas por ella misma y su marido, sencillas y de líneas simples, con el fin de entregarle al cliente un producto lo más puro posible.

¿Qué es la jojoba? Es un arbusto nativo de ciertas zonas áridas del noroeste de México y suroeste de Estados Unidos. Crece en clima seco y cuando llegan las lluvias, estas plantas producen semillas con gran rapidez. Son plantas fuertes e incluso, Flávia destaca que “resisten el fuego, son muy mágicas y el aceite tiene todas estas fortalezas”.

La planta de jojoba madura (simmondsia chinensis) es un arbusto perenne y silvestre nativo del desierto de Arizona, que puede alcanzar bajo condiciones favorables hasta 5 metros de altura. Su fruto contiene una semilla de 2 a 4 centímetros de largo de color marrón. En nuestro país, cada planta es capaz de producir hasta 2 kilos de semilla en cada época (una vez por año), entre abril y mayo. Y un kilo de semillas, da origen a medio kilo de aceite.

Múltiples propiedades

Este aceite de jojoba, de calidad cosmética, no es tóxico ni irritante a los ojos o la piel y tampoco muestra reacción alérgica con el contacto: “es muy similar al aceite del cuerpo humano”, cuenta Flávia. Es inoloro, aumenta la elasticidad y flexibilidad de la piel y refuerza los procesos de regeneración celular de ésta, del pelo y el cuero cabelludo.

En la composición del aceite de jojoba hay un 96% de ceramidas, sustancias que recubren y regulan la hidratación de las células. Esto evita que se ponga rancio y mantenga íntegras sus propiedades frente al frío o el calor. Además, es una sustancia que no contiene triglicéridos, por lo que puede aplicarse directamente en la piel o el cabello ni sentirlo untuoso ni graso.

Todas estas propiedades lo convierten en un elíxir que puede utilizarse como hidratante facial y para manos, desmaquillante, bálsamo para masajes corporales, acondicionador del cabello, loción para después de afeitarse, emoliente para el baño y muchos otros usos.

Sin embargo, aún no ha sido autorizado por la Food and Drug Administration (FDA) para utilizarlo en gastronomía. Pese a ello, en Estados Unidos están buscando frenéticamente su aprobación: se trata de un aceite más sano y que no se quema a altas temperaturas.

Como si fuera poco, este aceite es 100% puro, libre de todo tipo de aditivos y preservantes, y se obtiene de presión en frío, con una sola extracción de las semillas. Luego viene el filtrado de este líquido y posteriormente, el envasado en botellas de 30 milígramos que se comercializan en farmacias, centros comerciales, tiendas de productos naturales y a través de vendedoras.

Y en la misma fábrica, Flávia muestra que no sólo el aceite es beneficioso para la salud. El residuo del proceso de presión en frío, un material café granuloso que próximamente piensan utilizar en la elaboración de exfoliantes, también tiene todas las propiedades del líquido.

Crecer juntos

En este proceso de prospección, la empresaria asegura que le interesan los mercados europeo y estadounidense, ya que en esos países se manejan altos precios para este tipo de producto. “Sabemos que la demanda de aceite de joroba es importante, hay mercado, he recibido información de precios y países que nos interesa”, asegura.

Para Flávia, indispensable en este proceso incipiente de internacionalización ha sido manejar idiomas y tener la capacidad de lidiar en el exterior y con extranjeros, ya que ambos han vivido fuera de Chile. Además, quiere tener “todos los certificados que ennoblezcan su empresa, un aporte al ser humano y la naturaleza”, como el ISO 9000, el de Buenas Prácticas Agrícolas y el orgánico.

“Queremos una empresa sencilla para que quede tiempo para uno y la poesía, para aprovechar la naturaleza y la familia, que nos dé más placer y vida que preocupaciones y competencia”, precisa. Por ello su apuesta es “presentar un producto que es valioso por sí mismo” y no ingresar aún al sector de la cosmética, pese a que muchos ya se lo han sugerido. La idea es enfocarse al aceite, potenciarlo y comercializarlo en el exterior.

Si bien siempre ha contado con todo el apoyo de su marido, dice que “pensar como mujer te ayuda a ver primero el ser humano y después la empresa”. Y es que como muchas empresarias, concuerda con que “uno tiene que creer en lo que hace, trabajar feliz sin lamentarse y equilibrar la vida personal y laboral”. Difícil, pero no imposible.

“Yo me pregunto cómo lo hace la presidenta”, bromea. La clave –según dice- para ser una mujer exitosa en los negocios, es tener “una familia equilibrada y estar feliz en el matrimonio. No podría trabajar si la empresa amor no hubiera funcionado”.

A futuro, el objetivo es aumentar la plantación hasta 17 hectáreas e iniciar pronto el envío al exterior de su producción. En efecto, ya tiene potenciales clientes para aceite enfrascado en Ecuador, Brasil y Japón. Respecto de este último, advierte tener “esperanzas de que las oportunidades mejoren con el TLC”. Y confiar en comercializar su producto a granel.

Con el fin de aprovechar estas oportunidades que se presentan con los acuerdos comerciales, Flávia participa en el programa de Coaching Interempresarial de ProChile, en el que asegura haber recibido mucha información e intercambiado experiencias con otras empresas, especialmente productores orgánicos.

“Crecer juntos es mejor que crecer solos, y no queremos competir, queremos sumar. Lo importante y bonito es que hay mercado para todos”, concluye.


Septiembre, 2007

 

 

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