La empresa Quintessence
(que significa la quinta esencia) es un centro de mejoramiento
genético de la alpaca, cuya base está en Llay Llay pero
que tiene otros fundos en Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, entre
otros países, que se dedica a la exportación de animales
y la creación de productos textiles con la lana del camélido.
Es mexicana y en 1995 llegó
a Chile buscando alpacas para el rancho de su jefe en Estados Unidos.
Durante un año estuvo junto a un grupo de expertos seleccionando
y aprendiendo sobre los camélidos en el norte del país.
“No sabía nada de estos animales, todo fue hecho a pulso,
con esfuerzo, y con el tiempo me fui enamorando de ellos”, cuenta
sobre sus inicios.
Un día estaba tomando unas muestras de sangre para unos exámenes
y se fijó en la lana natural de los camélidos, “cada
uno tiene colores diferentes y noté una calidad muy superior
a la que se vendía en ese momento en el extranjero”, explica
María.
Cuando su jefe murió ella se debió hacer cargo de la venta
de los animales que habían llegado a Estados Unidos. Para incentivar
a los posibles compradores mandó a hacer a Perú tres colecciones
de ropa, las que vendió de forma casi inmediata. Luego de eso
la invitaron a una gira por Australia con los atuendos y es cuando se
convenció de que la lana de alpaca podía ser similar e
incluso superior en calidad a la de vicuña o la cachemira.
Al interiorizarse sobre el proceso productivo de la lana de alpaca,
ligado a tradiciones ancestrales de los pueblos indígenas de
Perú, se dio cuenta de que nunca iba a lograr el objetivo de
que la alpaca produjera la lana que tenía la capacidad de dar,
por lo que decide en 1997 crear el centro de mejoramiento genético.
“Decidí mejorar al animal genéticamente, purificarlo
para que dé una lana de mejor calidad”, señala.
Ahora exporta algunos de esos animales a otros criaderos y también
los productos textiles que crea con sus propios diseños, desde
bufandas o calcetines a trajes sastres, pasando por cojines y frazadas.
“Esta lana es lo mejor que se puede encontrar,
es térmica e hipoalergénica, sé que tiene muchas
utilidades y mercado”, explica.
Actualmente tiene 400 alpacas en Chile y otras más en Varsovia,
Sudáfrica, Alemania e Inglaterra, además en Llay Llay
tiene el taller en donde hace la ropa sólo con mano de obra femenina
que se vende en Santa Cruz, la viña Santa Rita y las Termas de
Jahuel, como también fuera de Chile.
Para exportar y en su crecimiento dice que ha tenido mucha ayuda de
ProChile de la V Región para asistir a ferias y giras, con la
finalidad de conocer nuevos mercados.
Mujer empresaria
Antes de iniciar su negocio, trabajaba en el rubro alimenticio donde
estaba acostumbrada a trabajar y reunirse con hombres, por lo que dice
estar acostumbrada a ser la única mujer en una mesa de negociaciones.
Sin embargo, aclara que está consciente de que para la mujer
es más difícil desarrollarse en un mundo masculino.
“Aún hay algunos clientes que creen que adulándome
van a conseguir un mejor precio, pero conmigo eso no funciona”,
dice sobre el ser mujer en el mundo de los negocios.
Sabe que los hombres y las mujeres son diferentes: “hice un curso
en el que me enseñaron que hablamos distinto, y en él
aprendí a usar el lenguaje masculino que es más directo
y, muchas veces, más efectivo”.
A las mujeres emprendedoras que están comenzando les recomienda
“definir bien las metas de su negocio y a no gastar tiempo con
proyectos que las lleven para otro lado, sino que se mantengan en eso.
Además les diría que no tuvieran miedo y que crean en
la gente”.
“Yo creo en la mujer, somos fuertes y si nos unimos y apoyamos,
logramos muchas cosas”, dice esta empresaria.
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Enero, 2009