Las
joyas diseñadas y creadas por Marta Morrison en paja de trigo,
teatina y plata, representan una innovación única que
sorprende, provoca admiración por su simpleza y diseño,
así como por los materiales utilizados que emergen de la tierra
misma. De la mano y con las manos de cosedoras, trenzadoras, tejedoras
y orfebres, nacen estas joyas de Colchagua que forman un telar vegetal,
para luego transformarse en una creación de collares, aros, pulseras
y accesorios que asombran.
La empresa de Marta Morrison que comenzó con
un orfebre, una tejedora, una cosedora y ella como diseñadora,
tiene actualmente, salones de venta en el Aeropuerto de Santiago, en
el Museo Precolombino, en tiendas de Providencia y Bellavista, en el
Hotel Marriott, en Viña, en Valparaíso y, desde el año
2001, cuenta con 12 artesanos de Santa Cruz.
La ex artista plástica dedicada a la escultura,
pintura, fotografía, decidió hace unos años trabajar
con arcilla y rescatar la técnica de algo tan antiguo y tradicional
como las chupallas, para crear joyas. Ella nos cuenta: “Me gusta
lo que sale del alma, me encantan los cuerpos humanos, la fotografía
y creo que todo eso dio el don de haber creado algo que no estaba, de
haber transformado algo, saqué el material de la chupalla y la
hice joya; ésta ha sido una de las mayores innovaciones, se hizo
en Colchagua, la hicimos nosotros, somos 12 personas que trabajamos
en esto”.
La orfebre Marta Morrison explica que en estas joyas
tan elegantes como autóctonas que ella diseña y trabaja
junto a sus 12 artesanos, usan materiales como la paja de trigo, el
tallo y la teatina que es una maleza, que uno ve en el camino, muy parecida
al trigo, pero muy delgadita y que se mueve con el viento. De los tallos
que se secan, se sacan unas agujas de alrededor de 35 centímetros,
se tiñen, se trenzan a mano y luego se cosen a máquina.
Finalmente, se crea el diseño de collares, aros, pulseras y se
agrega la plata.
Presencia en el extranjero
La primera exposición de esta innovadora producción
de joyas fue justamente en Colchagua, nos cuenta Marta Morrison, en
una feria gastronómica que tradicionalmente, se ha hecho en la
región, donde para sorpresa de su pequeña empresa, tuvieron
mucho éxito.
Han pasado algunos años y junto a ProChile
han marcado presencia en eventos internacionales durante el 2007:
En España, en el marco de la Semana de Chile
en Europa, participaron en la “Pasarela Madrid”; en Los
Ángeles, Estados Unidos, durante la Semana de Chile en NAFTA
realizaron un desfile de Joyas y Accesorios en Beverly Hills; en Venezuela,
estuvieron en la Semana de Moda y Belleza en Caracas, y de vuelta en
Chile realizaron un Desfile de Joyas durante la Cena del 33 aniversario
de ProChile, en la viña Santa Carolina, en Santiago.
Asimismo, han recibido galardones relevantes como
una mención de la UNESCO por innovación e investigación
en el uso de nuevos materiales para joyería, por haber usado
una fibra que jamás se había usado en orfebrería
en el mundo.
En 2007, la Revista Gentes les concede el reconocimiento
por el aporte a la cultura de Chile y el Valle de Colchagua.
Rescatar lo nuestro
Actualmente, Marta Morrison está enviando
las joyas de Colchagua a España donde han llamado la atención,
porque son joyas hechas a mano que rescatan lo vegetal, lo natural.
Marta nos cuenta orgullosa: “El diseño, los trabajos en
plata, los han encontrado sobresalientes; quise crear un producto del
que nos sintiéramos orgullosos, que nos acercara a las raíces
y por ello, causan asombro. Yo creo que va con la esencia nuestra”.
En su condición de mujer exportadora, Marta
también piensa que estas joyas debieran ser mostradas en otros
continentes, por modelos chilenas, porque lo pueden hacer de una forma
muy especial; porque hay que sentir las raíces, hay que sentirse
chilenas.
Morrison también quiere rescatar las relaciones
con sus trabajadores: “Quiero dignificar a los artesanos, pagarles
un sueldo digno, les digo que trabajen bien. Tengo a la mejor tejedora,
a la mejor trenzadora de la zona, quiero que ellas se sientan orgullosas
de lo que hacen”.
En lo personal, Marta Morrison expresa que
como mujer, siempre pensó que podía hacer lo que quisiera,
pero que le ha costado la parte comercial, el ser empresaria y mujer
exportadora, por lo que ha debido asesorarse para tomar algunas decisiones
en el ámbito de los negocios.
Esta ex artista plástica, a la cabeza de esta empresa que trabaja
hace 6 años junto a otros 12 orfebres, enfatiza que más
que una empresa, esto es la unión de personas que en su trabajo
ponen lo mejor de ellas para hacerlo y, esto es retribuido, lo que puede
hacer una gran diferencia con otras empresas del rubro.
Enero, 2008