
“Para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto
propio". Lo dice la escritora inglesa Virginia Woolf en su obra
publicada en 1929, una lectura que conjuga la relación entre
el género femenino y la dedicación a la literatura, una
mixtura entre la vida misma y la creación artística.
Esta visión sobre el complicado mundo de las
letras fue lo que marcó la adolescencia de María Sol Vera
Giusti, fundadora, gerente general y directora de la editorial “Cuarto
Propio”. Más conocida como “Marisol”, dejó
la economía para insertarse en las tintas, versos y prosas de
distintos autores chilenos y jugársela de lleno por la industria
chilena.
Pedro Lemebel publicó su primer libro en Cuarto
Propio y la popular agenda “Click” vio el éxito de
la mano de Marisol. Miembro y directora fundadora de la Asociación
de Editores de Chile -en un comienzo 7 editoriales y hoy conformada
por 42 miembros-, esta empresaria es también parte del Consejo
Consultivo Nacional de Cultura por las industrias culturales.
La reflexión de género, la crítica
cultural y literaria, la filosofía, política, narrativa,
poesía y libros para jóvenes y niños llenan las
estanterías nacionales y extranjeras con su sello. Casada y con
4 hijos, Marisol cuenta las dificultades y desafíos a la hora
de lidiar con la casa, la familia, el espacio público, la cultura
y el negocio.
¿Cómo surgió la idea de instalar
una empresa de este tipo? La decisión de montar la editorial
tuvo que ver con que el campo cultural en el Chile de los 80’
era difícil, intervenido políticamente y sin grandes posibilidades
reales de trabajar en lo que era su vocación. “Tenía
un gran interés en el aspecto cultural, en lo que estaba pasando
en el país, y lo que sucedía en este campo era muy atractivo.
Allí era donde estaban circulando las ideas y estrategias, tanto
de supervivencia como de propuesta”, asegura Marisol.
Este “deslizamiento natural”, como ella
dice, empezó poco a poco a insertarla en organizaciones vinculadas
al tema de género, como Mujeres por la Vida y el Primer Congreso
Feminista Latinoamericano. “Dentro de esta efervescencia cultural
había limitadísimos espacios para comunicar, las editoriales
estaban en un periodo de receso completo y había una necesidad
desde adentro del medio de encontrar vías de divulgación”,
recuerda.
De los números a las letras
Estudió Economía en la Universidad
de Chile e hizo una escala en la Universidad de Maryland, en Estados
Unidos, para luego volver a su casa de estudios en Santiago, desde donde
egresó en 1978. Empezó a trabajar sin haberse recibido,
se especializó en economía del trabajo e hizo algunos
cursos. En ese momento, la formación que tenía estaba
completamente orientada al servicio público: macroeconomía,
planificación y desarrollo.
Con esta base desarrolló un trabajo conjunto
con el Gobierno Regional y la Organización de Estados Americanos
(OEA). Detectó necesidades de capacitación de pescadores
artesanales de I y II Regiones, y posteriormente en Aysén: “Me
di cuenta de cómo las mujeres eran el motor de las economías
locales, en un grupo humano muy marginal y maltratado. A ellas se les
ocurrían las industrias, ver cómo sacar adelante las familias.
Las mujeres enfocan desde una perspectiva distinta las mismas temáticas
y necesidades”.
Sin embargo, la coyuntura del país, el desencanto
de la economía y sus estudios de literatura en Estados Unidos,
especialmente francesa, la empezaron a vincular con gente que estaba
en la movida cultural en Chile. Allí vio la necesidad de sentar
las bases de algo concreto que permitiera publicar y difundir lo que
se estaba pasando, “básicamente sobre las mujeres, ellas
tenían la voz principal, tanto de cuestionamiento como de propuesta”,
dice.
Fue así como en los 80’ logró
ingresar a una imprenta en calidad de asesora: “El olor a la tinta
y al papel jugaron un rol importante en ese momento”, reconoce.
Ahí pudo darse cuenta que era en este campo donde quería
volcar sus energías y dedicarse de lleno.
En un comienzo fue un espacio de producción
gráfica, que trabajaba tanto impresión como diseño,
y luego se asoció con un artista para sacar adelante este trabajo
gráfico y apuntar al campo cultural. Con el tiempo se fue adentrando
en la prestación de servicios gráficos a terceros y, desde
allí, comenzaron algunas publicaciones. Parte de esta historia
fue el trabajo con el “Fortín Mapocho”, con quienes
estuvieron asociados en el área producción para apoyar
su circulación.
Con esta experiencia, la publicación de unos
4 libros, “el apoyo de varias movidas culturales” y uno
que otro traspié, cerró esta etapa y ‘Cuarto Propio’
vio la luz en 1984. Su contacto permanente con mujeres del circuito
de producción y reflexión, tanto cultural como de género,
fue el caldo de cultivo de la idea. Y hacia allá apuntó
sus dardos en un primer momento.
Un “Click” en el negocio
“Los materiales que me interesaba publicar
tenían un corte estrictamente cultural, y primero era dar a luz
aquello que estaba siendo producido por mujeres y desde las mujeres.
La editorial nació inserta en ese segmento y ha sido una marca
importante toda la vida”, cuenta Marisol.
Luego vino la incorporación de otras producciones
con un fuerte énfasis en la diferencia, dada incluso por la escritura
homosexual: “se fue marcando el signo de tener una diversidad
cultural, que constituye nuestra principal riqueza”, asegura.
De esta forma, fueron ganando terreno el teatro, reflexión critica,
danza y poesía poblacional, segmentos que no caen dentro de lo
que se entendía en ese momento como el mercado, centrado principalmente
en la narrativa, especialmente de entretención.
Sumida entre hojas y tintas, logró desarrollar
en su “cuarto propio” un nuevo producto que resultó
ser todo un éxito: la conocida agenda “Click”. El
personaje, Aldo, fue creado por un profesor de filosofía. Los
primeros dibujos fueron hechos por artistas connotados: Bruno Truffa
y Carlos Altamirano, entre otros, por lo que el proyecto tenía
una participación importante de artistas destacados.
La idea es de un holandés que llegó
a Chile y trabajó en ese entonces con la mejor gente del espacio
plástico chileno. Ella conocía la agenda y decidió
rescatarla y rearticularla, siguiendo las mismas líneas de sus
inicios.
Diez años duró el éxito de la
agenda “Click”. Esta marcó y revolucionó el
espacio de las agendas en Chile. “Fue como el fenómeno
del taxista: cuando les empezó a ir bien, se llenó de
taxis; y a la agenda le empezó a ir tan bien, que se llenó
de agendas”, cuenta. Todo lo que producía como utilidad
iba a financiar un fondo creciente de libros de Cuarto Propio que de
un primer momento, centrado en la mujer, pasó a incorporar otros
géneros que iban quedando fuera del mercado.
Sin embargo, este negocio fue sumamente demandante
e implicaba un giro de negocios totalmente distinto. La competencia
era fuerte y decidió dejar de publicarla.
Al mundo
La necesidad de retomar diálogo con otros
países, cultural y comercialmente, la llevó a explorar
lo que estaba pasando en el exterior. Así llegó a la Feria
del Libro de Frankfurt, el centro de encuentro editorial más
grande del mundo, y otras muestras en España, Argentina y Estados
Unidos. La editorial se situó en un lugar privilegiado en la
comunidad internacional, más de lo que era conocida en Chile,
especialmente por su producción reflexiva y creativa.
Marisol comenzó también a traer material
desde otros países, entablar un diálogo y abrir mercados
en el exterior, pero no en grandes volúmenes, sino que entrando
poco a poco en librerías especializadas. Sin embargo, dice que
el gran tema siempre ha sido cómo financiar esta aventura. Y
buscando nuevas formas de generar recursos para entablar nuevos proyectos
de internacionalización, comenzó a publicar libros para
niños.
Esta incursión en los mercados externos comenzó
hace unos 13 años, y la agenda “Click” fue un vehículo
importante de llegada a otros países, una suerte de “caballo
de Troya”, dice. Junto con la agenda, se sumaban la poesía,
narrativa, ensayos y textos infantiles para completar su oferta.
Alrededor de un 25% de sus ingresos provienen de
las exportaciones. Ha conquistado el mercado latinoamericano, con envíos
a Argentina, Bolivia, Perú y Colombia, y otos mercados gracias
a otra parte del quehacer editorial: la venta de derechos. Autores suyos
han sido publicados en Portugal, Italia, España, Inglaterra y
Alemania, y sus ediciones también llegan al mercado académico
norteamericano y librerías hispanas de Canadá, Finlandia,
Noruega, Francia, Suiza y algunas de España.
“Con ProChile fue importante el proceso
de la sistematización de la internacionalización, ya no
sólo de una editorial, sino que de un conjunto. El proyecto de
‘Cuarto Propio’ es un proyecto político cultural,
de cómo rearticular una industria editorial”, cuenta Marisol.
Y es que ProChile cobijó la primera Mesa del
Libro hace más de siete años, instancia que juntó
en su seno a una buena parte de instituciones públicas (Dirac,
Dibam, Cámara del Libro, Corfo y el Consejo del Libro) y a los
editores, autores y gestores culturales (Asociación de Editores).
De ahí nació la idea de ver cómo insertar la industria
editorial chilena en los mercados internacionales, y surgió la
primera propuesta de política hacia el libro.
En este marco se han desarrollado programas de participación
en eventos internacionales, como las ferias Guadalajara y Buenos Aires,
y misiones comerciales a países latinoamericanos y España.
Con este bagaje y desde su experiencia, recomienda
en primer lugar “creerse el cuento”. Según dice,
“el mundo para una mujer emprendedora es difícil, el hecho
de ser mujer ya te pone en una situación de desventaja respecto
de tus pares masculinos, desde todo punto de vista”.
Para Marisol, es clave plantearse “esto es
lo que quiero hacer y además, me va a resultar’. Si no
se parte con esa convicción absoluta, es más difícil
sortear los problemas que van surgiendo en el camino. En segundo lugar,
hay que ser sistemático: recurrir a los instrumentos para la
formulación de proyectos. Los números y la capacitación,
son fundamentales. “Tercero, información, hay que recurrir
a las diversas instancias para buscar datos tanto técnicos, como
de gestión”, advierte.
Por último, cree que “es indispensable
incorporar al resto del mundo. Ya no es independiente de lo que estés
haciendo, así sean mermeladas, tornillos para una máquina
o una empresa editorial, lo que sucede en el resto del mundo es absolutamente
relevante. Pero sin pasión, nada de eso te sirve”.
Octubre, 2007