Vuelve
la moda de los antepasados. Ruanas, bufandas y ponchos llenos de colorido
entibian los atardeceres de verano nortino con diseños confeccionados
por mujeres indígenas del norte del país. Son productos
autóctonos, hechos por una agrupación única de
manos femeninas curtidas por el trabajo y el sol de todo el año.
Son prendas de calidad, exclusivas, rotuladas
baja la estampa “Marka Sawuri” (pueblo de tejedoras), una
empresa conformada por 38 mujeres aymaras dedicadas a la artesanía
textil en lana de alpaca, integrada por cinco agrupaciones provenientes
del altiplano de Iquique.
Esta firma nace gracias a la unión y esfuerzo
de varias agrupaciones artesanales. Con la idea fija de buscar nuevos
mercados y responder a la necesidad de los mercados internacionales,
el 20 de junio de 2005 lograron consolidarse como la primera empresa
nacional de mujeres aymaras.
La agrupación proviene de Isluga, comuna de
Colchane. La presidenta de la asociación, Silveria Mamani, cuenta
que las tejedoras elaboran con amor y dedicación una serie de
prendas con la calidad que sólo la lana 100% alpaca puede otorgar:
chales, bufandas, ponchos, ponchillos, ruanas, frazadas, cubrecamas,
calcetas, guantes, gorros y otros artículos de vestuario son
confeccionados por las manos de estas mujeres.
Las fundadoras de Marka Sawuri son Silveria Mamani
Mamani, Yenny García Choque, Elizabeth Choque Mamani y Wilma
Colque Flores. Estas tejedoras promueven sus productos a través
de volantes y su página
web . Además, ya han participado en diversas ferias y eventos:
Nuestras Raíces, Expoandina, Expocomuna y, en noviembre de este
año, en la Macro Rueda de Negocios organizada por ProChile.
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¿Quiénes son los aymaras? Se trata
de un pueblo que vivió en el altiplano del norte de Chile, ocupando
quebradas y valles del desierto y de las estribaciones andinas. Conformaron
el poblado de mayor desarrollo que los españoles encontraron
en Chile.
La agricultura fue la base de su economía.
Aprovecharon la tierra cultivable para obtener cosechas abundantes de
quínoa, papa y chuño, y se dedicaron a la crianza de llamas,
alpacas y vicuñas.
Estos animales les proporcionaban la lana para hacer
sus tejidos, con técnicas que aún utilizan en Marka Sawuri.
El proceso comienza con al trasquilado e hilado de la lana con máquinas
especiales. Luego viene el tejido, con la ayuda de cuatro estacas en
el piso hechas de hueso de alpaca o llama y, posteriormente, el teñido
de las prendas.
Todos sus diseños los distribuyen en la Región,
y ahora las tejedoras tienen en la mira exportar a Europa y Estados
Unidos. Sus prendas ya han sido probadas por modelos de la talla de
Carolina Parsons, y las europeas que visitan el país se pelean
por sus confecciones.
Ellas mismas son quienes diseñan todos los
artículos, el teñido, dibujos, encajes y otras aplicaciones,
fijándose siempre en los últimos dictámenes de
la moda. Volvió el estilo ancestral, y lo comprueban las 400
prendas mensuales que estas artesanas elaboran con paciencia y dedicación.
Con miras al Asia
“Tuvimos la visión de vender y exportar
y nos agrupamos. Somos hartas mujeres aymaras que tenemos nuestra artesanía.
No teníamos dónde mostrar ni vender, y queríamos
que conocieran nuestra cultura. ¿Cómo perder esto?”,
dice Silveria Mamani.
Ella aprendió el oficio desde pequeña
observando a su madre. Años más tarde y con la idea de
vender en el mercado interno y dar a conocer sus productos y orígenes,
la agrupación se acercó al Servicio de Cooperación
Técnica (Sercotec) en busca de una ayuda para concretar sus proyectos.
“Me interesa el mercado asiático, no
con muchos volúmenes, pero sí con prendas exclusivas”.
Sus prendas las llevan mucho los turistas de Francia y Holanda y del
sur de Chile, pero ahora apuntan al mercado oriental. A futuro quieren
tener una tienda en Santiago e ir creciendo, además de rescatar
a todo los artesanos de la Región, incluyéndolos como
proveedores en esta empresa, con distintas formas de trabajo, ampliando
también el negocio a otras formas de artesanía, como la
greda.
Marka Sawuri ha trabajado con organismos públicos
como Sercotec, la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena
(Conadi) y la Fundación Para la Promoción y Desarrollo
de la Mujer (Prodemu), y hace poco buscaron el apoyo de ProChile, especialmente
para participar en ferias en el exterior.
A fines de noviembre Silveria participó en
la Macro Rueda de Negocios en Iquique, organizada por ProChile, donde
montó un stand en el que exhibió sus productos y tuvo
la oportunidad de estrechar lazos con importadores. “Me fue muy
bien, conocí muchas personas e hice muchos contactos”,
destaca.
Nada es imposible
“Ha sido difícil para mí
no poder explicarme, ni manejar la tecnología y las computadoras.
Pero tengo una visión y todo lo trabajo a través de mi
mente”, asegura Silveria. Llegó a cursar sólo hasta
segundo básico, sin embargo, siempre ha contado con una gran
ayuda: su hijo es profesional y le colabora fuertemente en el tema contable
e informático.
Tiene tres hijos y reconoce que no ha sido nada fácil
hacerse cargo de la empresa y simultáneamente, estar pendiente
de su familia. “Pero nada es imposible para mí. Siempre
me hago un espacio”, dice. A las mujeres empresarias y emprendedoras
como ella, las invita “a que sean fuertes y cumplan sus objetivos.
Que sigan estudiando y abriendo mercados”, recomienda. Silveria
advierte que para iniciar un negocio, jamás hay que “echarse
a morir”. Según su experiencia, “es necesario ser
fuerte y seguir luchando, nunca darse por vencida”.
Una de sus trabas ha sido la dificultad para
buscar información, pero ella no se complica. Cuenta que le gustaría
hacer un curso, para poder redactar cartas o mandar mails, y aprender
a usar calculadoras, ya que todos sus cálculos los hace en papel.
Porque como dice, nada es imposible si sobran las ganas y el deseo de
emprender.
Diciembre, 2007