Valeria Auda, Directora
Ejecutiva de South Wind:
“Fuimos súper beneficiadas por
los Tratados de Libre Comercio”
Motivadas por el deseo de independizarse, “tener algo propio”
y manejar sus propios horarios, las ingenieras en alimentos, Soledad Parot
y Valeria Auda, se volcaron en una innovadora empresa. Sin mucho dinero,
ni conocimientos comenzaron en 1994 a elaborar caviar de salmón,
un producto del que sabían muy poco.
En base a esta idea levantaron South Wind, empresa, que tras 14 años
de crecimiento, se ha posicionado como una de las más exitosas
de su rubro.
Actualmente exportan diversos productos elaborados
de salmón a distintos mercados. Su línea productiva incluye
caviar de trucha y de lumpo, salmón ahumado, congelado y marinado.
Estas exquisiteces son disfrutadas por consumidores en toda América
Latina, Estados Unidos, Asia y Europa. El éxito se sustenta, según
sus dueñas, en una oferta de calidad y la confianza del cliente
en la calidad.
Según la Directora Ejecutiva de South Wind, Valeria Auda, la dedicación
fue crucial desde el comienzo. Durante todo un año estudiaron distintas
posibilidades, buscando una alternativa que pudieran abordar con los escasos
recursos disponibles.
“En realidad, estudiamos muchos proyectos y
productos, fuimos viendo qué tan factible era desarrollarlos con
las condiciones que teníamos en ese momento, que eran muchas ganas,
pero no teníamos demasiados recursos. Las dos estábamos
recién casadas y con niños muy chicos”, explica.
A pesar de sus tímidos comienzos, desde el
principio creyeron en que su trabajo les iba a dar frutos. Cuando partieron,
cuenta Valeria, siempre se vieron en algo grande, aunque ningún
banco les quiso abrir una cuenta o prestarles dinero.
Esta fe, casi ciega en un principio, hoy se respalda
en cifras más que positivas. “Partimos vendiendo 30 mil dólares
el primer año, 120 mil el segundo, 800 mil el tercero y hoy vendemos
7 millones de dólares al año. Esperamos este año
pasar los 10”, dice con seguridad.
Pioneras en Latinoamérica
Durante el año 1993, cuando se encontraban investigando la mejor
opción para montar su negocio, supieron del caviar de salmón.
“Nos contaron que era muy consumido en Europa, pero acá no
se conocía”. Toda la oferta existente en América Latina
provenía de productores europeos, por lo que se les ocurrió
que podrían entrar a competir. No obstante, sabían que era
un mercado gourmet donde la calidad era un factor fundamental.
En esa época, la incipiente industria del
salmón se estaba empezando a consolidar en Puerto Montt. Descubrieron
que las ovas (gónadas) de salmón eran descartadas por las
salmoneras, ya que en ese tiempo se las consideraba un subproducto sin
valor comercial. Vieron que era factible transportarlas con cadena de
frío hasta Santiago, y decidieron comenzar a experimentar. Ambas
desconocían tanto la materia prima como el producto final, pero
fueron aprendiendo el proceso y desarrollando las condiciones óptimas
para su elaboración.
Valeria recuerda que en este aprendizaje tuvieron
una colaboración fundamental de parte de algunos chef, que estaban
familiarizados con el producto y conocían sus características.
“Fuimos dando con la textura, la concentración de sal, haciendo
pruebas de vida útil, viendo la mejor forma de empacarlo, la mejor
presentación”, cuenta la empresaria.
Finalmente, instalaron su primer local en la comuna
de San Joaquín. Según Valeria, “era una planta de
40 metros cuadrados de proceso en una carnicería de barrio que
tenía lo necesario para instalarnos a hacer caviar de salmón.”
Con miras al exterior
El siguiente paso tampoco fue fácil, tenían que empezar
a ofrecer su producto. El desaparecido Hotel Carrera fue su primer cliente.
Era un desafío darse a conocer. Poco a poco lograron introducirse
en el mercado y establecer los contactos necesarios para exportar.
El negocio llegó sólo dice, no se acuerda
cómo se hizo el contacto, pero sí que la experiencia fue
positiva. “Empezamos exportando inmediatamente. El hotel Oro Verde
de Ecuador, que nos pidió una caja, fue la primera exportación
que hicimos”, recuerda. Luego fueron entrando en el medio, conociendo
otros exportadores y estableciendo contactos.
Valeria confiesa que considera a Latinoamérica
su “mercado objetivo” y disfruta más el trabajo con
sus clientes en México y Centroamérica, por quienes siente
mucho aprecio. Sin embargo, exportan a EE.UU, Francia, China, Corea, Taiwán
y la Polinesia Francesa.
Los principales productores de caviar de salmón
en el mundo son Canadá, Francia y Rusia. No obstante, la competencia
no les ha causado muchos problemas, gracias a los acuerdos comerciales
suscritos por el país. “Cuando partieron todos los Tratados
de Libre Comercio que hizo Chile, fuimos súper beneficiadas”,
asegura.
Sus productos tienen una fuerte ventaja respecto
de la competencia al momento de la internación. “Hay mercados
en América Latina donde, por venir de Europa, un producto entra
con un 18% de tasa arancelaria; si viene de Chile tiene arancel cero.
Entonces, la verdad es que eso nos deja en súper buen pie para
nuestro mercado objetivo que es América Latina”, reconoce.
Tras 5 años de operaciones se mudaron a una
planta de 200 metros cuadrados. Con este cambio vino la diversificación.
South Wind comenzó a ofrecer toda una línea de nuevos productos.
Sacaron una línea de salmón ahumado,
que ha tenido mucho éxito. Incluso, nos dice que “en América
Latina, la marca South Wind en ahumado es una de las marcas con mayor
fuerza y también de mayor venta”. También empezaron
a procesar caviar de trucha y de lumpo, con materia prima traída
desde Islandia; además de bocados y medallones de salmón
congelados y una línea gourmet con especias.
Pese a esto, Valeria confiesa que los inicios fueron
bastante difíciles: “Al segundo año, no una, sino
que muchas veces podríamos haber bajado la cortina. Al tercer año
todavía no ganábamos nada. Todo lo que ganábamos
se invertía en la planta, porque siempre había necesidad
de algo.”
Ejecutivas full time
Actualmente, la empresa sigue siendo una aventura y un trabajo de tiempo
completo. Admite que su intención inicial de poder manejar su propio
tiempo no se ha cumplido nunca y que ni ella ni su socia Soledad tienen
mucha libertad. Como es natural, ambas mujeres hacen esfuerzos considerables
para compatibilizar la empresa con la familia.
“A veces llegaba a la casa y mis hijos me escondían
el celular”, confiesa. Trabajaba unas 10 horas diarias y en su casa
seguía atendiendo llamadas de negocios. Pese a esto, han sentido
el apoyo de sus familias. “Los maridos nos apoyaron y los niños
hasta el día de hoy también. Si no es así no se podía.
Tenemos 3 hijos cada una”, cuenta Valeria.
Uno de los logros más satisfactorios, desde
que adquirieron la nueva planta, fue terminar con la jornada del sábado.
“La mayoría de nuestras operarias son mujeres, por lo tanto
el trabajo del sábado era nefasto”, dice Valeria. Saben que
“la carga para una mujer es doble”, por esto siempre lo vieron
como algo temporal.
Afirma que lograr el éxito y los volúmenes
de producción que tienen ahora no la sorprende, porque el esfuerzo
ha sido considerable. “La clave es el trabajo. Es constancia, asumir
ciertas cuotas de riesgo. Yo de repente lo miro en menos, no le tomo el
peso a los riesgos que corremos”, cuenta entre risas.
Para mantenerse actualizadas y ofrecer productos
de acuerdo con las necesidades del mercado, siempre están atentas
a las tendencias y requerimientos de sus clientes. “Viajamos mucho,
estamos en todas las ferias, por lo menos en las más importantes”,
asegura.
Sus compradores son supermercados, hoteles, restaurantes
y banqueteros; cada uno con sus propias necesidades. Las ideas surgen
a partir de lo que piden sus clientes, explica: “Te dicen qué
les gusta, qué es lo que necesitan y te vas adaptando. Así
van surgiendo cosas nuevas según lo que a nosotras nos da la impresión
que va a funcionar.”
Más calidad
que marketing
Según Valeria, la deuda está en sus estrategias de promoción.
El problema se va a solucionar pronto, promete, pero por ahora se excusa
en la excesiva carga laboral, la escasez de tiempo y de personal. “Somos
una empresa chica, somos 8 administrativos entre la Sol, yo y la gente
acá arriba y hay 40 operarias”, cuenta.
Sin embargo, la marca South Wind tiene éxito
gracias a la calidad del producto “y del servicio”. Para su
Directora Ejecutiva, esto también es algo que la enorgullece: “Hay
empresas que salen a puro marketing, pero me gusta lo nuestro, que es
un tema de conocimiento de producto, de confianza con el cliente. Cualquier
producto nuevo que sacamos es bien recibido”.
Como son una empresa que exporta alrededor del 70%
de su producción, no se han preocupado tanto de reforzar su presencia
en el mercado nacional. “No me cabe duda que en Venezuela, Argentina,
Costa Rica, tenemos mucho más presencia en supermercados que acá,
donde la cosa es más reducida. Está cambiando eso, pero
de a poco”.
Actualmente, están concentradas en sus nuevos
proyectos. Reconoce que están listas para tomar un nuevo rumbo:
“Ahora queremos salir de los pescados y mariscos. Entrar un poco
en un área hortofrutícola, también gourmet, pero
aprovechando las materias primas chilenas, que son espectaculares.”
El trabajo ha sido duro y pese a años
de sacrificios, se muestra contenta y satisfecha con los resultados. “Es
pega que desde el primer día hasta hoy me sigue gustando. Me encanta
esto de tener elaboración de producto, líneas de proceso,
montaje, operarias, venta, ver tu producto en góndola, ver que
a la gente le gusta… Yo creo que esa parte es buena, y lo pasamos
bien trabajando”.
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