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Ximena Martens, dueña de Agrotex:
“Es muy satisfactorio saber que tu producto cumple con las exigencias”

Quienes salen cansados de las oficinas, convencidos que tienen el peor trabajo del mundo, raramente se detienen a pensar que existen empleos realmente riesgosos. Ximena Martens, creadora de Agrotex, se detuvo a pensar en las condiciones de trabajo de los obreros que operan con peligrosos agentes químicos especialmente en el campo… Y nunca más dejó de hacerlo.

Su empresa Agrotex confecciona vestuario de seguridad para tareas específicas del agro. Sus prendas protegen en el campo a los aplicadores de pesticida y del sol a los temporeros; en los frigoríficos se visten sus prendas térmicas, y los productores avícolas protegen a sus trabajadores en el trozado de pollos y pavos.

Un incidente mientras visitaba al gerente de una empresa de control de plagas, la hizo replantearse profesionalmente. En la empresa, pudo ver que sus empleados utilizaban unos trajes con un look muy particular, “parecían corredores de fórmula uno y eran muy bonitos, muy corporativos”. Sin embargo, estos trajes no eran impermeables y los operarios se exponían a los productos tóxicos con que trabajaban.

Martens comentó su observación con el gerente de la empresa, quien contestó con un indiferente, “así es la pega”. No pudo creer lo que escuchaba, la respuesta le quedó dando vueltas en la cabeza…

Ximena comenzó a sentir inquietud por la cantidad de áreas en que los trabajadores se ven expuestos a riesgos. Al igual que su marido ingeniero agrónomo, ella proviene de una familia de agricultores, por lo que se le ocurrió pensar en soluciones en este rubro. Al poco tiempo tuvo una idea innovadora para proteger a los obreros agrícolas de sustancias dañinas para la salud.

Tradicionalmente, para la protección en la tarea de rociar con químicos se ha usado un pesado e incómodo traje de agua de PVC “que además se filtra por los puños y el cuello, porque no sella”, aclara Ximena. La principal alternativa es una prenda desechable de material llamado Tyvek, similar al papel. Sin embargo, en los campos se tiende a reutilizar los trajes, lo cual disminuye su efectividad.

Desde el Proyecto, al Mercado

Para empezar a desarrollar su pequeña empresa y la idea del producto que tenía en mente, en 2001 se instaló en el living de su casa. Hoy, seis años después de sus inicios, trabajan en su taller más de 20 personas, la mayoría mujeres.

Cuando comenzó a coser y diseñar tenía experiencia en la confección de vestuario y artículos como estuches, ya que anteriormente había tenido un taller de costura. Además, estaba familiarizada con el rubro agrícola, pero no sabía nada sobre el diseño especializado de prendas de seguridad.

Martens comenzó a buscar telas livianas, de distinta composición, que permitieran aislar los químicos, dejar pasar el aire y fueran durables. Su idea fue tomando forma y creó un nuevo modelo, más seguro y de mayor rendimiento, de un material reutilizable.

Fue un proceso lento y muy elaborado. Recién en 2003 estuvo listo el primer diseño: un buzo liviano, más resistente que el Tyvek, completamente impermeable y de ajuste seguro para la aplicación de pesticida por nebulización.

La investigación y desarrollo del producto le tomó dos años y la hizo en conjunto con la empresa de insumos agrícolas Anasac. La firma le ayudó a hacer las pruebas de laboratorio para comprobar la efectividad, además de proporcionarle información.

Además, la empresa la contactó con distintos distribuidores de insumos agrícolas que le permitieron llevar su producto finalmente al mercado. Gracias a los contactos adquiridos a través de Anasac, comenzó a entregar muestras a algunos distribuidores, quienes rápidamente solicitaban más productos.

El mercado ha sido favorable: hoy los operarios que aplican pesticidas deben cumplir con una capacitación y chequeo de salud que los califica por dos años para desempeñarse en esa tarea. El Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) fiscaliza la certificación y las estrictas exigencias de que cumplan con trajes apropiados.

100% Seguro

Para poder certificar sus Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), proceso necesario para exportar a Europa, las empresas deben proporcionar todos los implementos de seguridad laboral a sus empleados, entre otras exigencias. Los trajes confeccionados por Agrotex aseguran la protección de los obreros agrícolas, al mismo tiempo que proveen una alternativa más cómoda y liviana.

“La norma vigente pide que los trajes sean impermeables, y lo que se ha usado tradicionalmente es un traje de agua de PVC que pesa varios kilos y que no aísla porque no tiene puños ni capucha elasticados”, cuenta Martens.

El caso de ella es especial, porque su producto no va dirigido al comprador, cuyos empleados son los que finalmente utilizan las prendas. “¿Por qué no hacer algo que sea cómodo para la gente?”, se pregunta Ximena. Conciente de qué el trabajo con químicos es difícil, encontró su misión. “Tenía que tratar de ver qué se podía hacer para que fuera más cómodo y más seguro”.

Su motivación reside en proveer un traje protector, mucho más liviano y eficaz que el tradicional traje de PVC empleado regularmente para esta faena. Tienen distintas tallas, de XS a XXL, lo que garantiza que el calce sea lo más cómodo posible. “La idea es que el buzo quede bien, para que escurra mejor si les cae algo”.

Tras cuatro años de crecimiento y desarrollo, ya se ha insertado en el rubro agroindustrial, con trajes especiales para frigoríficos, manejo de materiales y otras tareas. Actualmente tiene pedidos permanentes de distintas distribuidoras a lo largo de todo el país.

Inicialmente, su idea era mantenerse dentro del rubro agrícola, sin embargo, comenzó a recibir pedidos específicos. En todo caso, insiste en que rubro agrícola sigue siendo el que más le apasiona, por lo que se ha enfocado en la agroindustria.

Ha fabricado ropa para mataderos como Ariztía, orientada a trabajos específicos como el trozado de pollo; y térmica para los frigoríficos y distintas cámaras de planta. Lo principal es que “siempre certificamos los productos, los metemos a laboratorio y los entregamos con su ficha técnica bien especificada”, explica Ximena. Recientemente, su traje se está utilizando también en mineras.

Cruzar las Fronteras

Para Ximena, las normas de los mercados receptores de los productos agrícolas son una oportunidad de negocio y actualmente está enfocada en la posibilidad de exportación, ya que habrá más regulación que obligue a la protección a la hora de utilizar pesticidas y químicos.

Recientemente, Argentina modificó su norma de requisitos para rociar pesticidas. Antes, como en otros países, la regulación era escasa y se limitaba a tipificar los respiradores que debían emplearse para rociar los químicos. Ximena notó que estas regulaciones representan una tendencia que otros países seguirán y, por ende, una oportunidad.

Las nuevas y más exigentes normas que se adoptaron a partir de 2002 en Argentina, incluyen penetración química. “Hicimos un nuevo chequeo más avanzado. Antes veíamos impermeabilidad y repelencia, según normas internacionales que están homologadas en nuestro país”.

Recientemente, realizaron un estudio conjunto con el laboratorio de la Universidad de Santiago, única institución académica que desarrolla Ingeniería Textil en Chile, para medir los nuevos estándares. “Es muy satisfactorio ver que tu producto cumple con todas las exigencias”.

Con la seguridad que sus productos cumplen hasta con las normas más rigurosas que permiten garantizar la protección de los trabajadores agrícolas, se siente preparada para exportar.

Para esto se ha contactado con ProChile, que le proporcionó datos de importadores de ropa de trabajo. El siguiente paso es obtener contactos de empresas distribuidoras de insumos agrícolas en potenciales mercados, para lo cual está trabajando con la Institución.

Pensar en exportar significa pensar en una mayor producción, aunque sabe que su producto no es masivo y no sería posible llenar un container. “Nosotros tenemos un mercado específico y es a ese grupo que queremos llegar”.


Abril, 2007

 

 

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