
“Si me vieran mis colegas, no lo creerían”. Quien
alguna vez fue jefa de Medio Ambiente de un holding minero, hoy está
sentada frente a un notebook en una improvisada oficina. Y no se trata
de un escritorio convencional, sino que de un stand montado en medio
del Parque Alberto Hurtado de La Reina, en el marco de la Expo Mundo
Rural 2007.
Allí, la gerente general de La Casona El Monte,
Yanett Omegna San Martín, espera que cientos de personas conozcan
su variada gama de aceites con especias, comprimidos nutricionales,
harinas, tratamientos capilares y otros productos que poco tienen que
ver con las certificaciones, normas sanitarias y fundiciones de su antiguo
oficio, pero que sin querer le imprimen desde su origen el sello sano
y natural.
Premiada como la mejor ingeniera de Chile, Yanett
realizó capacitaciones en España y Japón y fue
una destacada ejecutiva del sector empresarial. Eso hasta que un día
decidió abandonar Antofagasta y dedicarse a la producción
de un sinfín de productos novedosos y tentadores: cápsulas
de aceite de palta, harina de avellana y aceite de semilla de amapola,
hasta cremas de baba de caracol y jugo de Noni. De todo, incluso champúes
y acondicionadores hay en su vitrina de la Expo Mundo.
Por su empuje y creatividad, Yannett fue elegida
hace unas semanas, directora de Asuntos Internacionales de la Asociación
de Mujeres Exportadoras de Chile (AmeChile). La firma que lidera es
pionera en el país en investigación de palta y otros frutos,
sus aceites y los productos derivados de estos: el uso alimentario,
los beneficios para la salud humana y los aportes para la cosmética.
Gracias a su ingenio, visión y sacrificio,
esta antofagastina ha sabido apuntar a diversos nichos y desarrollar
diferentes líneas de productos. Con investigación y trabajo
permanente, La Casona El Monte elabora, importa, exporta, distribuye
y comercializa aceites vegetales de palta, almendra, sésamo,
linaza, amapola, avellana y nuez, entre otros; productos derivados de
estos y una amplia variedad de artículos naturales.
Como dice Yanett, nada ha sido fácil: “No
sé de horas ni de días, trabajo mucho”. Su marido,
el contador y empresario Iván Araya, quiso emprender con ella
esta travesía y dejarles a sus hijas,“además de
sus estudios, una empresa para asegurar su futuro”.
En la cima de El Monte
Hace tres años, Yanett compró una parcela
en la localidad de El Monte, pensando en pasar su vejez en medio de
árboles frutales y prados. Pero a raíz de una licencia,
tomó sus maletas y se vino de Antofagasta a pasar unos meses
en recuperación. Sin pensarlo, se fue introduciendo de a poco
en una amalgama de las áreas cosmética y gourmet.
Cuenta Yanett que la parcela El Monte tenía
paltos Hass en plena producción, pero era demasiado para consumo
doméstico. Es por eso que decidió investigar con miras
a la comercialización y fue así como llegó a obtener
el primer aceite de Chile.
En El Monte la otrora ejecutiva del sector minero
empezó a tomarle el gusto al negocio y al campo, a construir
bodegas y tramitar permisos, hasta que tomo la decisión de dedicarse
de lleno a su emprendimiento. De esta forma nace la línea “Las
Omegnas”, orientada a la cosmética, y “Aceites Orruño”,
propiedad de su hija.
“Cuando estudias los aceites, ves que hay toda
una línea gourmet, pero también hay toda una línea
cosmética. Cuando se extraen los aceites, queda la harina, con
las mismas propiedades, vitaminas y minerales. Eso también se
comercializa. Yo soy de medio ambiente y nada se puede perder, todo
se utiliza”, explica.
Como se desempeñó en el sector medioambiental,
reconoce que también es muy exigente en cuanto al cumplimiento
de normas y reglamentaciones con su empresa. Todos sus productos tienen
las resoluciones sanitarias pertinentes y están libres de aditivos.
Una voz experta
“Las cosas que he hecho en mi vida las he hecho
bien y bien, o no las hago. En el tema del aceite, me gustaría
que en el transcurso de los años, cuando pregunten por este tema,
sepan que va a haber una persona que va a tener una voz experta”.
Yannett tiene las metas claras y siempre apuntó
al a la exportación. Su objetivo es introducir sus productos
lo más pronto posible en el mercado externo y con este fin, participó
este año en las Semanas de Chile en América del Norte,
organizadas por ProChile. También formó parte de una rueda
de negocios de la Asociación de Exportadores de Manufacturas
(Asexma) y, por primera vez, en ExpoAlimenta y Expo Mundo Rural. Además,
llevó a cabo una degustación de aceites en el restaurant
Latin Grill del Hotel Marriott, con bastante cobertura de prensa.
Los resultados de su incursión en las ferias
y misiones en Chile y el exterior ya le han reportado positivos resultados,
en muy poco tiempo. Tiene un pedido de Guadalajara de aceite de oliva
con merquén en líneas “strong" (fuerte) y “light”
(suave); también uno con tocino ahumado y el tradicional. Los
primeros días de diciembre tiene contemplado abrir el mercado
norteamericano y ya vislumbra ingresar a Venezuela, Brasil y Centroamérica.
En Chile, sus productos se venden en tiendas especializadas
y naturales -como el Emporio Nacional y Cardamomo-, y en la Región
de Magallanes.
Llegar al puerto
Siempre becada como mejor alumna, dice que la vida
le ha dado mucho. “Si soy capaz de montar una empresa, voy a generar
trabajo, y si además aplico la conciencia ambiental que tengo,
voy a generar productos de óptima calidad que lleguen al máximo
de personas. Estoy devolviendo la mano con todo lo que me ha dado la
vida y mi país”, reconoce.
Una de sus hijas estudia naturopatía holística
y la otra ya se hace cargo de una línea de productos. Aparte
de su familia, trabajan con ella otras 4 personas. Yanett se considera
una autodidacta y no para de investigar y probar nuevas fórmulas.
“Hay un hábito en lo que es la responsabilidad
y el estudio, y hoy tenemos Internet. Soy la señora Google, ahora
no tengo necesidad de ir a una universidad, estudio lo que necesito.
Todo lo he hecho en forma autodidacta”, advierte.
Para esta empresaria, trabajar duro es la llave del
éxito: “Todos queremos llegar a ese puerto donde el barco
se estabiliza. De ahí en adelante, vas a volver a pensar en tus
vacaciones, en una calidad de vida ‘normal’. Hoy no, estamos
‘aperrados’ a full, es una carrera contra el tiempo donde
hay mucha inversión hecha y las bodegas llenas de cosas”,
dice.
En esta búsqueda de oportunidades y apoyo,
Yanett ha sabido sacarle partido a las herramientas que ofrecen los
sectores público y privado. Participa en el Programa de Internacionalización
para la Agricultura Familiar Campesina (PIAC) y el programa de Coaching
Interempresarial, ambos de ProChile. En enero, ya tiene planeado viajar
a la feria Fancy Food, en Estados Unidos.
Según dice, es indispensable para desarrollar
un negocio tener una visión, proyectar dónde se quiere
llegar. Luego, es preciso buscar el camino, “el que está
lleno de sacrificios y con harto esfuerzo. Hay mucho que estudiar si
quieres hacer las cosas bien. Teniendo la meta y el conocimiento, aparece
la asociatividad, el empezar a relacionarte, porque sola es muy difícil”,
reconoce. Además, destaca la importancia de utilizar al máximo
los instrumentos de apoyo al emprendimiento y la exportación.
Sin descuidar la calidad y la prospección
continua de mercados, Yannett no para de innovar e interiorizarse en
nuevas áreas. Su creatividad va más allá y piensa
en productos sanos y funcionales. ¿Quién habría
pensado en un aceite en polvo para el picnic o la oficina, y llevar
listo el aderezo para la ensalada? A ella ya se le ocurrió, y
está trabajando para lanzarlo al mercado… Eso sí,
junto a un proyecto de biocombustibles que ya está contemplando.
Imparable.
Noviembre, 2007