El Valle de la Luna, los Géisers del Tatio y la Cordillera de la Sal son las cartas de presentación de San Pedro de Atacama, uno de los destinos turísticos –con justa razón- más famosos de Chile en el exterior. Pero los verdaderos secretos de esta zona nortina son otros y son imperdibles: Talabre, Socaire, Machuca y Toconao.
Se trata de los pueblos atacameños cercanos a San Pedro, donde diferentes empresas y guías particulares ofrecen tures para conocer sus construcciones de muros de barro y techos de hierba. Camino a los imperdibles Géisers de Tatio está Machuca, que como el resto de estos poblados, parece detenido en el tiempo. Allí vive una decena de personas que en la actualidad, además del pastoreo de cabras, subsiste gracias a la artesanía y a las empanadas de chivo que venden a los turistas que los visitan. Vale la pena detenerse unos minutos, caminar por su única calle, y fotografiar su iglesia centenaria.
Si sigue en el norte de Chile, otra buena idea es seguir la ruta de la aceituna, en Azapa (www.rutadelaaceituna.com), que lo llevará por las principales haciendas encargadas de producir este sabroso fruto. Todo comienza recorriendo el Valle de Azapa, ubicado al sur de la ciudad de Arica, y luego adentrándose entre quebradas, siguiendo el curso del río. En ese entorno también podrá encontrar pucarás (construcciones defensivas de la época incaica), geoglifos y antiguos asentamientos indígenas.
Además, puede continuar su viaje hasta San Miguel de Azapa, donde no debe dejar de visitar su museo, donde descansan las momias Chinchorro, famosas por encerrar más de 10.000 años de historia.
CUIDADO SUBMARINO
Que justo frente a Punta de Choros (Región de Coquimbo) esté la primera reserva marina de Chile convierte a esta caleta en un lugar especial. Todo comenzó en los años 90, cuando un grupo de delfines nariz de botella estableció aquí su colonia. La noticia corrió rápido y de un verano a otro, la playa se llenó de curiosos.
Hoy, existen centros de buceo especializados en las especies de la zona, restoranes y cómodas cabañas. Los mismos pescadores se dedican a pasear a los turistas, contándoles sobre los pingüinos de Humboldt, lobos marinos y, desde luego, los delfines, estrellas indiscutidas de las aguas frente al pueblo.
Ubicado a 100 kilómetros al norte de La Serena, a Punta de Choros llegan turistas durante todo el año, y sobre todo, buzos, para sumergirse en las aguas más claras y ricas en fauna de Chile continental. Eso sí, todo bajo la consigna de cuidar el medioambiente.
DORMIR EN UNA RUCA
Fue la necesidad la que llevó a 18 familias mapuches a replantear su modo de ganarse la vida: la cosecha era cada vez más mezquina y ya no les alcanzaba el dinero. Entonces, decidieron formar una cooperativa y dedicarse al turismo en el extremo suroriente del fotogénico lago Budi (Región de La Araucanía).
Hoy día ofrecen camping, cabañas, un restorán (con ingredientes y recetas mapuches) y un sinmúmero de actividades, como cabalgatas, paseos en bote a remo, clases de baile, cocina, juegos (como palín), tejido, recorridos en carreta y hasta visita a una huerta para aprender de la medicina tradicional indígena (www.lagobudi.cl).
De todos modos, lo más original son las rucas (casas mapuches) donde se puede alojar. Aunque con electricidad y camas mullidas, las chozas tiene a los niños de Melinka sobre las ballenas azules. La idea es crear conciencia ambiental en la escuela y formar guías para un futuro mejor en una de las islas más hermosas del sur de Chile (www.ballenazul.org)
Pero hay más por conocer y que cuidar en este país del fin del mundo. En el extremo norte de la isla grande de Chiloé (Región de Los Lagos), en silencio, un grupo de pequeños empresarios lleva un par de años intentando convertir a la Bahía de Puñihuil (www.pinguineraschiloe.cl) en un destino ideal para los amantes de la naturaleza y el trekking. Y lo están consiguiendo. De su lado tienen la suerte de vivir en el único lugar del Océano Pacífi co donde dos especies de pingüinos –de Humbold y Magallánico- comparten un sector de anidación y, además, conviven en perfecta armonía con cormoranes (aves acuáticas), lobos marinos, nutrias y una decena de otras especies representativas de la hermosa isla de Chiloé.
De a poco, los habitantes del sector han ido construyendo cabañas y restoranes que ofrecen la deliciosa comida de la zona, basada en sus afamados productos marinos. Por eso, después de las largas caminatas, no tendrá problemas en recuperar energías. Además, podrá cerrar los ojos, relajarse y agradecer por haber conocido estos tesoros únicos del planeta.

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