| El mercado
de las compras públicas es un mercado atractivo y de enorme
potencial dado los volúmenes y la magnitud de los montos
involucrados, constituyendo a los gobiernos de cada país,
en el principal comprador de bienes y servicios. Sin embargo, las
compras de bienes y servicios por el gobierno han constituido tradicionalmente
una excepción al sistema internacional de comercio, permaneciendo
fuera del ámbito de aplicación de las normas y compromisos
fundamentales en materia de acceso a mercados, tanto en el marco
del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio de 1947
(GATT), como del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios
(AGCS).
Al buscar una explicación a este fenómeno, se observa
que una de las particularidades de las negociaciones internacionales
de compras públicas es que ellas obligan al Estado, no sólo
en cuanto Parte de un Tratado, sino que también en cuanto
agente económico, limitando sus propias facultades, y obligándole
a adoptar procedimientos no discriminatorios, abiertos y competitivos
durante todo el proceso de preparación, presentación
de ofertas, revisión, adjudicación y revisión
de los contratos de compra de bienes y servicios.
Además, históricamente las compras se han visto como
un instrumento de políticas públicas, utilizado por
los Estados para dirigir - o indirectamente promover - la producción
y el desarrollo de bienes y servicios al interior de su territorio,
por lo que muchos de estos Estados se han mostrado tradicionalmente
reacios a negociar estas potestades en acuerdos comerciales que
limiten su capacidad para otorgar preferencias o dar mayor protección
a su industria doméstica.
En este contexto, la inclusión de las compras públicas
en los Tratados de Libre Comercio (TLC) suscritos por los Estados
Unidos, abre enormes oportunidades y desafíos para las empresas
de los países signatarios, en la medida que permiten contribuir
al desarrollo exportador y la creación de empleos mediante
del aumento del comercio directo e indirecto.
Así, por la vía de los referidos acuerdos comerciales,
algunos países latinoamericanos han logrado acceder y/o consolidar
su acceso al mercado estadounidense, antes exclusivo de las propias
empresas norteamericanas.
Este es el caso particular de Chile, los países Centroamericanos
y República Dominicana, en adelante, “países
signatarios”, y muy posiblemente, en un futuro cercano, de
Colombia, Ecuador y Perú.
No obstante, para aprovechar estas oportunidades, resulta importante
destacar que el mercado de compras públicas tiene una racionalidad
distinta al del comercio de bienes entre agentes privados, donde
la relación comercial empresa-sector público se rige
por un marco regulatorio especifico y particular, con un alto grado
de dispersión y sujeto a altos niveles de fiscalización.
Por otra parte, la estrategia comercial para acceder a estos mercados
también es distinta, ya que implica tener un conocimiento
preciso de las entidades con las cuales se contratará, tipos
de contratos, requisitos de origen, etc. En este sentido, las características
particulares de esta relación comercial están marcadas
por las siguientes variables:
(i) Las exigencias de transparencia y buena administración
de los fondos del sector público son mayores a las de otros
agentes comerciales;
(ii) La mayor complejidad de los trámites y procedimientos
administrativos;
(iii) La falta de condiciones óptimas de competencia y
acceso;
(iv) La aplicación de umbrales, normas técnicas,
normas de origen, y otros requerimientos de acceso.
En este orden de ideas, se reconoce que existe vasta información,
pero generalmente dispersa, acerca de los mercados de contratación
pública, por lo que se vuelve crucial para que las empresas
logren desarrollar habilidades para identificar posibilidades reales
de negocios, las que dependerán de su nivel de conocimiento,
de las fuentes de información, de la capacidad de análisis
de la misma, del conocimiento de las reglas de juego impuestas por
las distintas autoridades y, especialmente, del conocimiento sobre
las diversas formas de hacer negocios y del alcance de los acuerdos
suscritos (p.e. cobertura; relación con otros capítulos;
etc.).
Lo anterior, conlleva la necesidad de generar o fortalecer la institucionalidad
necesaria para lograr una adecuada implementación de estos
acuerdos, a través de la difusión eficiente de la
información, iniciativas de capacitación, etc.
En ese marco, se puede concluir que las pequeñas y medianas
empresas de la región solamente van a lograr concretar oportunidades
de negocios en el mercado de compras públicas estadounidense
a través de acciones que:
a) permitan mejorar la capacidad organizacional y cultural de
las empresas con respecto a los mercados públicos y al
uso de sistemas de comercio electrónico;
b) desarrollen mecanismos de cooperación y/o asociatividad
entre las empresas de la región y entre éstas y
empresas del país receptor;
c) institucionalicen mecanismos de seguimiento de los acuerdos
comerciales; y
d) se fortalezca la coordinación entre el sector público
y el sector privado.
De allí la necesidad de establecer una alianza público/privada,
donde el Estado apoye al sector privado en la obtención de
información relevante para la toma de decisiones. La experiencia
de otros países demuestra que si los gobiernos no asumen
un papel proactivo en la prospección de los mercados públicos
de sus contrapartes, difícilmente las medianas y pequeñas
empresas de la región podrán beneficiarse de estas
oportunidades de negocios.
La suscripción del Capítulo de Contratación
Pública en el marco de los acuerdos alcanzados con los Estados
Unidos beneficia a los países del área, fundamentalmente,
en dos grandes áreas: acceso al mercado público estadounidense
y mejoras en las disciplinas de contratación pública.
En materia de acceso, baste con indicar que las compras federales
y estatales de ese país, ascienden aproximadamente a los
US$ 625 billones (US$ 250 billones sólo a nivel federal)
- demandando una amplia gama de bienes y servicios, desde los más
simples a los más sofisticados tecnológicamente.
En este mercado, los oferentes de bienes y servicios deben cumplir
con los requerimientos impuestos por la autoridad del gobierno federal;
las regulaciones internas y los tratados internacionales. Además,
se trata de un mercado altamente descentralizado, donde cada entidad
pública realiza las compras de manera independiente, de acuerdo
a su presupuesto anual y conforme a las decisiones de sus respectivos
comités de compra.
Sin embargo, además de la importancia de los montos señalados
precedentemente, un segundo elemento importante, dice relación
con la amplia cobertura acordada en los capítulos de compras
en el ámbito subfederal.
En efecto, los países signatarios no sólo tienen acceso
a casi la totalidad de entidades públicas que demandan la
contratación de bienes y servicios en el ámbito federal
estadounidense, sino que además, tendrán acceso –
sujeto a los compromisos específicos asumidos por los Estados
Unidos- a las adquisiciones que se efectúen a nivel subfederal
y a una serie de empresas públicas norteamericanas, logrando
con ello un mejor y mayor acceso que el otorgado por los Estados
Unidos a los países NAFTA, así como también
a numerosos países del Acuerdo sobre Contratación
Pública de la OMC (ACP), impedidos de participar en contratos
a nivel subfederal.
En efecto, si bien al interior de ese país existen algunos
Estados que no discriminan en sus compras estaduales, permitiendo
la participación de proveedores no estadounidenses, dichos
estados no están obligados internacionalmente, por lo que
el ingreso a nuestros proveedores es totalmente discrecional. Con
el Tratado, el acceso de los Estados listados pasa a estar garantizado
bajo las condiciones del Tratado, otorgando una mayor certeza para
los proveedores de bienes y servicios de nuestra región.
De acuerdo a lo señalado, la implementación de los
TLC suscritos con los Estados Unidos aumentará las oportunidades
potenciales de negocios para las empresas latinoamericanas en el
mercado de compras públicas. Sin embargo, pese a que existe
vasta información sobre el particular, la mayoría
de los empresarios latinoamericanos no se decidirán a invertir
en dicho mercado, desestimando así su potencial, hasta no
lograr un nivel de conocimiento y comprensión suficientes
en esta área.
Como parte del apoyo que presta el BID a los países de la
región y dada la dificultad de acceder y comprender la información
relevante en la materia, se ha previsto la necesidad de elaborar
una guía práctica, especialmente orientada al pequeño
y mediano empresario que pretenda acceder al mercado público
de los EE.UU., en virtud del TLC.
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